Toda la gente a mi alrededor dormía,
pero yo era incapaz de volver a dormirme, sobrevolábamos los montes
Urales,y en el Boeing 747-400 sufría bastantes turbulencias, un rato
después cuando la cosa se calmó un poco decidí levantarme e ir al
baño, si os digo la verdad y pese a haber subido muchas veces antes
en un avión, era la primera vez que iba al baño en uno, y me
resulto gracioso estar meando a 11000 metros de altura encima de una
de las cordilleras más impresionantes del mundo, (no se no le deis
más vueltas, tonterías que se me vienen a la cabeza), al volver a
mi asiento trate de matar el tiempo como pude, miraba mapas,
velocidad, enredaba con la consola de mi asiento, y al rato ya
sobrevolábamos Siberia y un rato después Mongolia. Al término de
una película (otra mas) ya se veía el terreno chino por las
ventanillas, estábamos ya muy cerca de Pekín y el avión descendía
de altura, mientras, nos servían el desayuno.
El Aeropuerto de Pekín es enorme y
moderno en todas sus instalaciones, pasamos varios controles de todo
tipo, metales, control de temperatura corporal, etc. y después de
presentar nuestros visados entrabamos oficialmente en la República
Popular China. Nada más pasar el ultimo control nos encontramos con
un original cartel saludándonos en castellano, aunque no se muy bien
de dónde sacaron la traducción.
El primer sobresalto para mis
compañeros fue que a Noelia le habían extraviado la mochila no
sabíamos muy bien en que que aeropuerto, por lo que vimos retrasada
un rato nuestra salida del aeropuerto de Pekín, mientras hacían los
tramites adecuados para recuperarla. Mientras Aitor y yo
reorganizábamos nuestras mochilas para ir más cómodos hasta el
hotel, y luego aprovechamos para cambiar algo de dinero.
Nada más salir del aeropuerto te
empiezas a dar cuenta de que estas en un mundo diferente y en el que
tendrás que esforzarte para conseguir alguna que otra cosa, la
sensación es una mezcla de fascinación y de inseguridad al sentirte
en una sociedad diferente a la tuya.
La parada de autobús era bastante
caótica, aglomeraciones de personas en cada parada y la ruta de cada
una en perfecto Chino. Aquí empiezas a comprobar una de las cosas
con las que ibas ya mentalizado, la mayoría de los chinos no tienen
ni idea de inglés, además tienen una cosa curiosa y es que cuando
no te entienden o no saben responderte a lo que les preguntas, se
inventan cualquier cosa con tal de no decirte no.
Al final uno nos indicó más o menos
uno que pasaba por Tian´amen. Cuando ves el aeropuerto y tras los
juegos Olímpicos te esperas que también hayan modernizado un poco
los trasportes públicos, pero nada más lejos de la realidad, o al
menos la compañía que nos tocó en suerte no era de las buenas, el
autobús estaba sucio y descuidado, me senté en la parte de la
ventanilla mientras observaba a una china que tenía cerca escribir
por el móvil (me entro la curiosidad de como escriben los sms),
mientras el autobús salía de la zona del aeropuerto, lo último que
vi antes de salir a la carretera fue un parking para bicicletas
atestado de estas, había cientos y cientos de ellas.
Tras varias paradas por las afueras de
la ciudad entramos de lleno en ella, es inmensa y la primera
impresión al entrar fue de una especie de decepción, no había
atisbo de modernidad, miraras donde miraras lo que veías eran
edificios de hace décadas todos similares entre sí, al estilo de
los panelaks checos. No fue hasta un rato después cuando empezamos a
ver síntomas de modernidad, las paradas de autobús se veían más
nuevas y empezaban a verse edificios más modernos.
| Esta foto corresponde a otro momento pero no tenía ninguna para ilustrar lo que estoy comentando. |
Durante el trayecto empezamos a
vislumbrar uno de los puntos más indescriptibles del viaje. El
tráfico... Digo indescriptible porque es muy difícil explicaros con
palabras el caos que son las carreteras chinas. Y no por su diseño,
o porque estén mal cuidadas, todo lo contrario... son modernas, muy
bien cuidadas y bien señalizadas, el problema es que los chinos...
conducen como les da la gana. No respetan casi ninguna de las normas
de tráfico establecidas, usan el claxon para todo, sobre todo para
avisar cuando cambian de carril de manera brusca cortándote el paso,
se meten en los huecos más pequeños posibles con tal de ganar unos
metros, los pasos de peatones son peligrosísimos, ya que muchas
veces no respetan ni los semáforos, los cruces son un caos de
peatones, coches, bicis y motos, todos esquivándose entre sí y en
todas las direcciones posibles, se producen dobles y triples
adelantamientos, un día Aitor y yo estábamos asombrados con un
coche que adelantando, había traspasado la doble línea continua que
delimitaba el carril contrario cuando de repente ese mismo coche es
adelantado por otro más provocando que los que venían en dirección
contraria tuvieran que parar.
A cada poco ves algún que otro
accidente que pone los pelos de punta y cuando vas en taxi muchas
veces temes por tu vida... Pero una vez que te acostumbras, empiezas
a encontrar un cierto orden dentro del caos.
Al final decidíamos que cruzar la
carretera por un paso de peatones era todo cuestión de fe... tu
caminabas y los conductores ya se encargarían de esquivarte (aunque
cruces con el semáforo de peatones en verde recibes algún que otro
pitido de conductores enfadados por cortarles el paso) parece que los
coches siempre tienen preferencia. Toda una aventura vamos y toda una
sinfonía de cláxones. Eso si a ellos los ves como si fuera lo más
normal del mundo, van tranquilos ni se gritan, ni se enfadan ni nada.
Tiempo después llegamos a una parada
donde todo el mundo se bajaba, nosotros no sabíamos muy bien que
hacer, ni donde estábamos, solo sabíamos que las avenidas de la
zona donde estábamos eran enormes, así que debíamos estar en un
punto céntrico de la ciudad por lo que decidimos bajarnos, coger el
equipaje y preguntar otra vez a ver si alguien nos orientaba un poco.
Lo que conseguimos es que muchos nos
ofrecieran llevarnos en coche o en taxi aun sin saber a dónde
queríamos ir. Uno más o menos entendió nuestras palabras y nos
indicó la dirección que debíamos seguir, eso si previamente nos
advirtió de que aún quedaba un buen trecho. Debimos hacerle caso y
pagar el taxi, ya que nos quedaba aun un largo camino hasta nuestro
hotel.
Empezamos a andar, todo en línea
recta, buscando un paso subterráneo para cambiar de acera, según
íbamos caminando empezamos a darnos cuenta de otro de los puntos más
característicos del viaje... A los chinos les llamábamos mucho la
atención, los que son más de ciudad suelen estar acostumbrados a
ver occidentales, y aun así te miran, pero como te cruces con un
grupo de gente de fuera de la ciudad, prepárate para sentirte
observado constantemente, algunos de miran muy disimuladamente pero
otros lo hacen con descaro, y sonríen, algunos incluso se atreven a
decirte un "hello" con una enorme sonrisa en la boca, otros
incluso te hacen fotos, de estos últimos hay dos tipos, los que te
sacan las fotos de extranjis, como que le están sacando la foto a un
edificio o monumento, y los que te piden permiso para hacértelas...
estos a veces reúnen a toda la familia para que se saque fotos
contigo, reunión a la que todos los miembros de la familia acuden
rápidamente con una gran sonrisa, una vez terminada la sesión
fotográfica te dan las gracias y se despiden sonrientes, orgullosos
de su "trofeo".
Durante este trayecto me fije en una
imagen curiosa, un edificio oficial con la estrella roja como emblema
y justo debajo un KFK, todo un símbolo de la comida rápida, del
capitalismo de EEUU en los bajos de un edificio oficial del Partido
Comunista, no le saque foto porque me daba pereza sacar la cámara
agotado por el peso de la mochila y la concentración intentando
buscar algo de orientación en esta inmensa ciudad.
| Aitor fotografiando la puerta de la paz celestial |
Tras un rato llegamos a la plaza de Tian´amen, quede fascinado con la amplitud de todo, al pasar junto a la puerta de la paz celestial me quede un rato observando el enorme retrato de Mao y otra vez me dieron ganas de sacar la cámara, pero el peso de la mochila ya me estaba matando y aun no sabíamos cuanto nos quedaba para el hotel así que volví a desechar la idea. En este punto nos dimos cuenta de otra cosa, los planos de Pekín, están a una escala muy pequeña, lo que en el mapa parece poco en realidad son kilómetros, según el mapa el hotel estaba justo al terminar la ciudad prohibida, en ese momento fue toda una alegría, lo que no pensábamos en ese momento es que la ciudad prohibida se extiende durante centenares de metros de este a oeste, después de otra gran caminata, con los mismos ingredientes que la anterior, llegamos a la calle en la que estaba ubicado el hotel, el “Days Inn Forbidden City Beijing”, lo habíamos elegido recomendado en diversos foros por su localización céntrica y su relación calidad precio, la verdad que resulto un buen hotel, recomendable si no quieres gastar mucho en dormir y quieres hacerlo con total comodidad.
| Days Inn Forbidden City Beijing, nuestro primer hotel |
Tras los trámites pertinentes por
parte de mis compañeros, no sin ciertas dificultades para entender
el inglés de los chinos y también porque ellos entendieran nuestra
cutre pronunciación, conseguimos llegar a nuestra habitación. Esta
era sencilla, muy limpia y ordenada, y parecía un paraíso tras el
cansancio acumulado. Lo primero que hicimos fue acomodarnos, sacar la
ropa de la mochila, y guardarla, acto seguido aseo personal, incluida
una larga y reconfortante ducha.
Una vez aseados y relajados, partimos
rumbo a la plaza de Tian´amen de nuevo esta vez disfrutando del
trayecto, todo nos llamaba la atención, los parques, las flores de
los jardines representado motivos nacionales, la policía, los
soldados, íbamos tan fascinados como la mayoría de los chinos con
nosotros, al salir del hotel seguimos disfrutando del mundo tan
similar pero a la vez tan diferente en el que nos encontrábamos.
Llegamos a la plaza de Tian´amen y la
sensación de fascinación era la misma que habíamos sentido unas
horas antes, rápidamente saque la cámara y me quede un rato
pensando que fotografiar primero, el sol empezaba a ponerse y hacia
que algunos ángulos no fueran recomendados para disparar, asique
empecé a disparar a lo más obvio, la plaza, sin tener ninguna
referencia, el trafico las numerosas bicicletas, también eran objeto
de fotografías, ahí empezamos a conocer otra característica
china... se la suda que estés sacando una foto, pasan por delante,
se quedan delante, te empujan, te pisan, te sacan fotos... a Aitor le
mosqueaba, a mí me hacía gracia, yo me descojonaba cuando Aitor se
enfurecía y le decía: "son graciosos..."
La verdad que es algo muy particular en ellos, siempre quieren ser los primeros para todo, en las colas te empujan, aunque la cola vaya rápido siempre quieren tardar lo menos posible, cuando había que pasar mochilas por detectores de metales eso era como si al otro lado regalaran un premio, las peores eran las señoras mayores, intentaban colocar sus mochilas delante de las tuyas te empujaban para pasar primero q tu por el arco del detector... vamos un caos, por supuesto una vez calmada la cosa miraba a Aitor y veía su cara de mala hostia y le decía... “son graciosos!”. Ya no os contare las que se formaban en el reclamo de equipaje de los aeropuertos, ni a la hora de facturar.
La verdad que es algo muy particular en ellos, siempre quieren ser los primeros para todo, en las colas te empujan, aunque la cola vaya rápido siempre quieren tardar lo menos posible, cuando había que pasar mochilas por detectores de metales eso era como si al otro lado regalaran un premio, las peores eran las señoras mayores, intentaban colocar sus mochilas delante de las tuyas te empujaban para pasar primero q tu por el arco del detector... vamos un caos, por supuesto una vez calmada la cosa miraba a Aitor y veía su cara de mala hostia y le decía... “son graciosos!”. Ya no os contare las que se formaban en el reclamo de equipaje de los aeropuertos, ni a la hora de facturar.
Una vez fotografiada la plaza al otro
lado de la calle, centre la vista en la Puerta de la Paz Celestial
también conocida como puerta de Tian´amen que sirve como entrada al
recinto de la Ciudad Prohibida, el edificio que tiene como mayor
reclamo el inmenso retrato de Mao era la principal atracción para
los turistas chinos que no perdían la oportunidad de fotografiarse
con el retrato del difunto líder. Justo al lado del edificio están
las tribunas populares donde se supone que los altos cargos y demás
se sentaban en las celebraciones que tenían lugar en la plaza.
Alrededor de la ciudad prohibida corre
el Rio de las Aguas Doradas y para salvar este están los puentes que
veis en las fotos, puentes con más significado que el que a simple
vista puede parecer.
Son 7 puentes, el central y más ancho
llamado Yulu es el único decorado con dragones de mármol, era por
donde entraba el emperador, solo el podía caminar por ese puente,
contiguos uno a cada lado estaban los dos puentes Wanggong por los
que caminaban los príncipes, seguidos y también a cada lado dos
puentes Pinji por los que caminaban altos cargos funcionarios y
militares, los otros dos restantes conocidos como Gongsheng eran para
la gente de más bajo rango, civiles, militares y sirvientes.
Ancianos posaban orgullosos ondeando banderitas nacionales con el
retrato al fondo, algunos incluso aprovechaban la ocasión para posar
junto a los guardias que a esas horas impedían ya el paso de
turistas al recinto de la Ciudad Prohibida. Tras tirar unas cuantas
fotos, pelearme un poco con la nueva cámara, y ver que muchas me
habían salido jodidas (como fue tónica habitual en los primeros
días) por mi inexperiencia con la cámara y el sol que me traía a
malvivir, decidimos cruzar la carretera y adentrarnos en Tian´amen.
Así que buscamos un paso subterráneo
y nos plantamos en la famosa plaza. Antes de continuar pondré en
situación a quien no la conozca. Tian´amen es la plaza pública más
grande del mundo, pero si por algo es tristemente conocida en
occidente es por ser el escenario de uno de los mayores asesinatos
cometidos por un gobierno en contra de su población.
Un 15 de abril de 1989 dos grandes
grupos de personas (estudiantes y trabajadores de fábricas de las
ciudades) se concentraron en la famosa plaza a modo de protesta por
algunas reformas políticas y económicas promovidas por el gobierno,
que consideraban injustas e insuficientes. La muerte por enfermedad
de Hu Yaobang, ex secretario general del Partido Comunista, expulsado
hacia un par de años por su ideología liberal, fue la mecha que
encendió las protestas.
Esta se convirtió en multitudinaria
con el paso de los días. El 13 de Mayo grandes grupos de estudiantes
comenzaron una huelga de hambre. Tras varios días de protestas y
algún que otro altercado el 20 de mayo el gobierno decidió decretar
la ley marcial. Aun así las protestas continuaban y en el seno del
partido comunista empezó a haber distensiones a la hora de la forma
de solucionar la crisis. Así algunos pesos pesados del partido
fueron expulsados y el brazo fuerte decidió el uso de la fuerza
militar para disolver las protestas.
El 4 de junio, el ejército entro en la
ciudad para resolver la protesta con fuego real, tanques invadían
las vías cercanas a la plaza y se lio una batalla intensa entre
soldados, manifestantes y ciudadanos que se saldó con bajas en todas
las partes, incluso soldados resultaron muertos. Las cifras de
muertos y heridos varían mucho dependiendo de la fuente pero se
estima que unas 2500 personas resultaron muertas y más de 7000
heridas. Famosa es la imagen ganadora de varios premios, en la que se
ve un desconocido ciudadano con una bolsa de la compra en cada mano
oponiéndose a una cadena de tanques que avanzaba por la Cháng An Dà
Jie, el conductor del tanque intento esquivarlo pero el ciudadano
siguió cortándole el paso al tanque, para después subirse al mismo
y recriminar a los soldados su actitud con sus compatriotas. Después
aunque no sale en la imagen el hombre (héroe) fue empujado por
varias personas (policías de paisano) y desapareció para siempre.
Durante y después de los altercados la
mayor parte de la información gráfica y escrita fue confiscada por
las autoridades chinas a los reporteros extranjeros y nacionales, y
se efectuó una dura censura en todo el país. La reacción
internacional fue de dura condena.
Aun hoy en día más de 20 años
después, es increíble pensar que una gran mayoría de la población
china no sabe nada de este suceso y los pocos que lo conocen tienen
la realidad muy distorsionada considerando a los manifestantes como
vándalos que amenazaban la grandeza de la gran nación. Los que
participaron en estas revueltas están en su ayora parte muertos,
encarcelados o condenados al exilio. El gobierno chino mantiene una
estricta censura hoy en día respecto al contenido de la televisión
extranjera y el acceso a páginas web que comenten este hecho, a
partir de hoy este blog también estará restringido en los
buscadores chinos (en realidad ya lo estaba ya que blogger no tiene
acceso desde China).
Al llegar a la "otra orilla"
me quede un rato fotografiando a un grupo de soldados que desfilaban,
los desfiles son muy admirados por los propios chinos y como veis en
la foto muchos se unen al desfile, algunos con pericia logran
mantener la simetría y el ritmo, pero otros lo hacen de manera un
poco más chapucera, pero pasean con orgullo por la plaza ante el
consentimiento de los soldados.
Al poco de estas fotos, por primera vez
en las pocas horas que llevábamos en el país, un chino nos pidió
fotografiarse con nosotros, Aitor y yo empezábamos así una rutina
que nos llevaría a estar en los álbumes vacacionales de muchas
familias.
Los cabezas de familia muy amables
ellos y sin idea de inglés, solo con gestos nos pidieron
fotografiarnos con su hijo, petición a la que accedimos sin
problemas y divertidos, el cabeza de familia se le notaba en la cara
que también quería salir en la foto pero muy prudente el no se
atrevía, nos dimos cuenta de la situación y le animamos a ponerse,
a lo que accedió con una cara de felicidad como si le hubiese tocado
la lotería, nos fotografiamos ahí, y se despidieron de nosotros muy
agradecidos.
Según caminábamos hacíamos fotos a
decenas de objetivos cuando varias chicas empezaron a sacarse fotos
de extranjis con nosotros, posaban cerca de ti y corrían
entusiasmadas a ver qué tal habían quedado en la foto con el chico
de los pendientes y el rubio blanquito... Algunas incluso se atrevían
a pedírtelo en inglés, todo muy divertido pero yo ya me estaba
temiendo que llegara una de las cosas sobre las que estábamos
avisados en esa plaza, y así fue, un rato después de estar sacando
fotos un par de chicas, con un inglés más o menos entendible
entablaron conversación con nosotros, interesadas en nuestra
procedencia, hacían comentarios típicos de nuestro país, e
intentaban parecernos atractivas, Aitor y yo ya nos lo olimos al
momento, pero la confirmación fue cuando nos "invitaron" a
tomar té en un local que ellas conocían no muy lejos de la plaza.
Entonces más o menos y hablando
claro... las mandamos a tomar por culo... cosa que no les sorprendió
mucho y pese a que siguieron intentándolo al final se dieron por
vencidas y se fueron. Y es que los chinos es raro que intenten
robarte, aunque dejes descuidada una cosa no la cogen, pero sí que
hay alguno que como pueda estafarte de manera legal… No se corta ni
un pelo. Una de las estafas más comunes en Pekín es esa, y suele
funcionarles bastante bien por lo que se ve.
Dos chicas, monas y al parecer cultas,
se acercan a un grupo de turistas, chicos al ser posible, y entablan
conversación con ellos, luego de coger algo de confianza, los
invitan al salón de té, aquí puntualizar que si te llevan a un
salón de té realmente, y tomas té, no te roban ni te drogan y te
quitan un riñón ni nada de eso, tomas té, conversas, te ríes,
hasta que dejas de reír cuando te traen la factura... inflada hasta
los topes, y no te queda más que pagar, y más te vale llevar en
efectivo... porque como tengas que pagar con tarjeta la cagaste más
aún. Y ni se te ocurra irte enfadado y sin pagar... el gorila de la
puerta con su mirada ya se encarga de quitarte ese pensamiento de la
cabeza. Aitor me miraba mosqueado y yo sonreía diciéndole, “son
divertidos eh!”.
Seguimos admirando la plaza y los dos
grandes edificios que la flanquean, de arquitectura más bien
soviética el Great hall of the People y el China National Museum son
dos edificios imponentes uno a cada lado de la plaza (este y oeste),
a lo largo de la plaza de norte a sur tenemos varios iconos, el
primero es la bandera china ondeando presidiendo el comienzo de la
explanada, después a unos cuantos metros tenemos un enorme
"obelisco" llamado monumento a los héroes del pueblo, en
el cual se puede leer, "los héroes del pueblo son inmortales".
Detrás y como podéis apreciar en la
fotos empiezan una serie de estatuas que nos acercan al majestuoso
edificio de las columnas, que no es otro que el mausoleo de Mao
Zedong, aquí se encuentra embalsamado el cuerpo del líder.
Tras varias fotos y cuando la luz solar ya empezaba a escasear decidimos ir a cenar, de la que nos íbamos todo se ilumino dejando una estampa muy bonita, al cabo de un rato nos adentramos en una bulliciosa calle pekinesa, nosotros buscábamos algo más tradicional y en esa calle solo había restaurantes occidentales de comida rápida, caminábamos prácticamente a ciegas, buscando algo de los famosos hutones, cuando de pronto a mano izquierda dimos con una calle aún más bulliciosa, adornada con farolillos y de la que salía olor a comida, sin pensarlo nos adentramos en ella, puestos de comida por todas partes, y mucho turista, caminábamos entre puestos en los que vendían todo tipo de comida exótica, los famosos escorpiones, entre otras delicatesen, yo le había prometido a Aitor que me comería uno, pero le había dicho que tenía que estar frito, y estos... se movían vivos aun ensartados en el pincho moruno, lo cual me echo totalmente para atrás en mi intención, hay que decir también que a los chinos, al menos a los de ciudad no parecía llamarles mucho la atención esto, y me pareció que la ven más como comida exótica también, e incluso se divierten cuando un occidental los come y lo fotografían, en el tiempo que estuve ahí solo vi occidentales comerlos.
Tras varias fotos y cuando la luz solar ya empezaba a escasear decidimos ir a cenar, de la que nos íbamos todo se ilumino dejando una estampa muy bonita, al cabo de un rato nos adentramos en una bulliciosa calle pekinesa, nosotros buscábamos algo más tradicional y en esa calle solo había restaurantes occidentales de comida rápida, caminábamos prácticamente a ciegas, buscando algo de los famosos hutones, cuando de pronto a mano izquierda dimos con una calle aún más bulliciosa, adornada con farolillos y de la que salía olor a comida, sin pensarlo nos adentramos en ella, puestos de comida por todas partes, y mucho turista, caminábamos entre puestos en los que vendían todo tipo de comida exótica, los famosos escorpiones, entre otras delicatesen, yo le había prometido a Aitor que me comería uno, pero le había dicho que tenía que estar frito, y estos... se movían vivos aun ensartados en el pincho moruno, lo cual me echo totalmente para atrás en mi intención, hay que decir también que a los chinos, al menos a los de ciudad no parecía llamarles mucho la atención esto, y me pareció que la ven más como comida exótica también, e incluso se divierten cuando un occidental los come y lo fotografían, en el tiempo que estuve ahí solo vi occidentales comerlos.
Seguimos caminando por la calle y
llegamos a un sitio lleno de hutones en los que los chinos cenaban
noddles, los noddles son fideos de arroz de gran tradición
oriental, los chinos los consumen a todas horas, en las tiendas
puedes encontrar mil variedades para hacerlos al instante. había
hambre así que a los 4 nos pareció una tentadora idea meternos en
una de esas pequeñas habitaciones, y comernos un plato de noddles
acompañados de una cerveza. Así nos metimos en uno, la higiene en
estos cubículos no es muy alta, la gente come, paga y se va y el
"camarero" limpia la mesa por encima cuando el siguiente
cliente se sienta y así sin parar, todos estos cubículos son
seguidos a lo largo de la calle y todos responden por lo visto a un
establecimiento que yo la verdad no conseguí ver bien donde se
ubicaba, varios camareros van atendiendo las necesidades de los
clientes a lo largo de la calle, así que pedimos nuestra cena y al
rato la teníamos en la mesa, la engullimos como si no hubiésemos
comido en días, a mí me supo a gloria a pesar de que me costaba
horrores coger los últimos fideos con los palillos.
Después de la cena nos encontrábamos
agotados así que decidimos ir al hotel a descansar, mañana nos
esperaba un día duro, teníamos que visitar la Ciudad Prohibida, y
planear algo para la tarde, además teníamos que decidir que tramo
de la Gran Muralla China queríamos ver y buscar un guía que nos
llevara. Llegamos al hotel, me puse a leer, pero estaba tan agotado
que fue comenzar la página, y cerrar el libro, Cerré los ojos y
dormí, dormí plácidamente a miles de km de mi hogar pero
entusiasmado ante lo que acababa de vivir y también entusiasmado con
la idea de que estaba realizando un viaje que nunca olvidaría, algo
asombroso, algo inmenso. Me quedaban por delante 18 días, y miles de
km.





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